Ideario

Ideario: principios y valores

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Su piedra angular

Vaya por delante, a semejanza de  aquel frontis de la Academia platónica, que en nuestro colegio no puede entrar quien no asuma el valor primario de la dignidad de la persona, su responsabilidad a fuer de ser libre. Responsabilidad fundada en su propia naturaleza, a un tiempo espiritual y social; responsable ante sí mismo y ante la sociedad en todo el quehacer de su desarrollo humano y social.

Su estructura

Esquemáticamente, nuestro Ideario presenta una estructura formada por cuatro hitos esenciales, a saber:

  • a) Como ambientación, el máximo respeto a la libertad e idiosincrasia del alumno, a las creencias y deseos racionales paternos.
  • b) Como fundamento de su existencia, el concepto cristiano del valor trascendente del ser humano, la persona. El alumno como fin, no como medio.
  • c) Como fin principal, la educación integral y personalizada del alumno(a), basada en el esfuerzo, el  orden y la disciplina; adobada en  el cariño, la alegría y el aliento,  de todos los implicados en la marcha del Centro.
  • d) Como principios rectores, el diálogo comprensivo (¿tolerancia?)  frente al fanatismo, el servicio frente al despotismo, la entrega frente al egoísmo.


El triángulo social de la “Comunidad Educativa”

Por orden de importancia haremos una pequeña reflexión sobre cada uno de los tres componentes de la Comunidad Educativa.

Los alumnos(as):

Aclaremos desde el principio, que no son los intereses de los padres, ni de los educadores-colegio, sino los propios y racionales intereses del alumno, los que han de marcar la marcha del Colegio.

El Colegio, especialmente con los infantiles, ha de ser una continuación del hogar, donde niños y niñas, como en casa, rodeados de entrega y cariño, amplíen sus horizontes al próximo futuro al que se van abriendo paulatinamente sus vidas.

Con los mayores,  el ingrediente de la responsabilidad y el trabajo, dentro de una convivencia de amistad y respeto mutuos, serán la tónica dominante en su discurrir hacia la juventud.

Y en todo caso, infantiles y mayores,  en un clima de cariño, acogimiento, equilibrio y trabajo, se irán forjando en lo que serán mañana con la adquisición de conocimientos y destrezas, tanto  en los ratos de ocio, como  en cualquier actividad escolar o extraescolar.

Los padres o tutores:

Los padres o tutores nos traen sus hijos al colegio para ayudarles en la formación de los mismos. Sólo ellos son los educadores esenciales.

Para eso conoceremos sus criterios al respecto, con la finalidad de conseguir una unanimidad razonada. Por  lo que más de una vez tendrán y tendremos que rectificar unos y otros. Lo que importa es la persona concreta del hijo-alumno, su bien.

La familia necesita “ver” que a sus hijos se les quiere de verdad en el colegio, lo que comprueban en el conocimiento y cuidado integral que tenemos de ellos. Los padres necesitan que el profesorado esté abierto a la información sobre su hijo.

El educador:

Aunque auxiliar de los padres en la educación de sus hijos, el educador ha de serlo por vocación. Su misión de animador debe tomarla muy en serio. Un educador ha de ser espejo donde se mire el alumno; guía y responsable con su comportamiento; imparcial en el trato; justo en la corrección, -en nuestro lenguaje no existe el castigo-; cariñoso siempre.

Además de estar al día en el conocimiento de su materia debe derrochar conocimiento del alumno y su desarrollo evolutivo. Aprovecharse de la capacidad lúdica del alumno para hacer de su labor educativa un auténtico juego. El niño siempre juega, también cuando aprende.

Basados en la necesidad de la experiencia, hemos optado  por la aceptación del sistema de "enseñanza en equipo" o "team teaching". Pues, fuera de las ventajas que presenta para el alumno, ayuda sobre manera al educador  poder compartir con otros  colegas sus conocimientos y sus límites o deficiencias; aquéllos para ampliarlos y contrastarlos, éstos para subsanarlos.

Junto al sistema de enseñanza en equipo, tenemos el de "trabajo en equipo". No se trata de crear, ni imponer, sistemas rígidos y uniformes, no ya de pensamiento o teóricos, ni siquiera de trabajo. Se trata, en definitiva,  de conseguir unidad y equilibrio en el mismo.

 

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